lunes, 21 de septiembre de 2015

Teodoro Aguilar trabajó 30 años en la fábrica. Sus hijos Alberto y Gonzalo siguen sus pasos “Recibí la primera bolsa de cemento con gran emoción”

El sol castigaba el horizonte en Irpa Irpa, mientras Teodoro Aguilar y Roberto Mamani, ambos obreros de COBOCE Cemento, alistaban lo necesario para recibir la primera bolsa. Eran las 10:00 del 15 de septiembre de 1972, fecha en que arrancó la fábrica a producir miles de toneladas de cemento no solo para Cochabamba, sino también para el país.

Ese día quedó grabado en la memoria de Teodoro, quien, emocionado, rememora ese tiempo 43 años después. Hoy Teodoro Aguilar está jubilado.

“Ambos agarramos la primera bolsa de cemento y cuando salió el producto echamos lágrimas, porque era el resultado de varios meses de trabajo y sacrificios, sobre todo de los trabajadores que, sin compromiso económico alguno y solo convencidos de alcanzar un objetivo, logramos poner en marcha la fábrica”, relata.

Solo cinco personas tuvieron el privilegio de sostener las primeras bolsas de cemento, entre ellas Teodoro y Roberto. De todos solo sobrevive Aguilar.

Hoy, con casi 80 años encima, aún hace frente a la vida. Cuando llegó a la empresa era joven.

Llegó a COBOCE Cemento como peón, entre los años 1962 y 1963.

En 1965, la empresa recién comenzó con la remoción de tierras para construir la fábrica, continúa el relato Teodoro.

Desempeñó, incluso, el papel de enterrador (perforador de pozos) y también como armador de los pilotes de concreto.

“Mi padre comenzó a trabajar con ojotas”, dice Alberto Aguilar, hijo de Teodoro.

El carácter indomable, la perseverancia, pero sobre todo las ansias de superación que siempre tuvo dejaron años después satisfacciones personales para Teodoro y su familia.

“Por correspondencia hice estudios de contabilidad y, luego de varios años de estudio, logré el título de auxiliar y eso me permitió escalar posiciones en la empresa”, señala.

Años después, el hijo Alberto, con méritos propios, también consiguió ingresar a la empresa para hacer servicios de electricidad.

“Tengo 16 años en la empresa y espero que mis hijos puedan también trabajar en COBOCE Cemento, la fábrica que permitió a mi familia vivir”, declara Alberto.

La historia de los Aguilar, sin embargo, no termina aquí.

Gonzalo, otro de los hijos de Teodoro, también comenzó a trabajar en la empresa “recién nomás”, dice el papá.


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