lunes, 1 de febrero de 2016

Perspectivas de la industria cementera boliviana

Partiendo de las tradicionales interrogantes que debe plantearse toda unidad empresarial sobre qué producir, con qué calidad y a qué precios, y cuánto, dónde y cómo comercializar, en el caso particular del cemento es posible despejar fácilmente las dos primeras debido a que se trata de un producto estandarizado (commodity). El cemento, al constituir un insumo básico para todo tipo de construcción, no tiene diferenciación significativa, pues en su composición intervienen siempre tres elementos básicos: caliza, puzolana y yeso.

Además, prácticamente se minimizan las diferencias de calidad porque los cementos del país están normados y definidos tanto por normas bolivianas (NB 011-05) como por normas internacionales (UNE-EN-197-1 y ASTMC-595-06). Así, resulta impracticable pretender hacer referencia a estrategias genéricas orientadas a la calidad (diferenciación) o a precios del producto (competencia económica), por la vigencia de instituciones de regulación y fiscalización como la AEMP. El problema se circunscribe, aparentemente, a definir cuánto producir, dónde y cómo comercializar.

A la industria cementera nacional se la considera madura al poseer más de 90 años de actividad (Soboce, 1925; Fancesa, 1959; Coboce, 1966 e Itacamba, 1977). Cuatro empresas generan la actual oferta nacional de cemento y hasta 2014 lograron producir aproximadamente 3,8 millones de toneladas/año.

(NdeE: A continuación, Gardilcic acompaña su artículo con gráficos que no publicamos por razones de espacio, aunque sí consignamos la explicación que su autor hace sobre ellos a continuación). En los gráficos se exponen pronósticos de la demanda, para que mediante el consabido Balance de Mercado (Demanda – Oferta), que tiene por objetivo establecer la viabilidad de un proyecto, se determine alternativamente: la existencia de demanda insatisfecha (resultado positivo, si Demanda > Oferta), el equilibrio de mercado (resultado cero, si Demanda = Oferta) o en su defecto la existencia de sobreoferta (resultado negativo, si Demanda < Oferta), siendo obvio asumir que únicamente en el primer caso (Demanda > Oferta) convendría ejecutar un nuevo proyecto en función a la cuantía de la cobertura de mercado detectada para el corto y mediano plazo.

Para efectos de las proyecciones de la demanda se adoptaron: la regresión polinómica desarrollada en el estudio “Proyecto Nueva Línea de Producción de Cemento” de Fancesa (Demanda 1) y el pronóstico elaborado por el economista Horst Grebe (Demanda 2), de entre las cuales se asume una tendencia media (Demanda promedio) como representativa y significativa, cuyo valor fluctúa de 4,9 millones de toneladas el 2015 hasta 9,3 en el 2021. Ese incremento extraordinario de 4,4 millones de toneladas supondría que en un período de siete años sería posible sobrepasar la cuantía de la producción lograda durante los 90 años anteriores de la industria cementera.

El incremento permanente del consumo de cemento, que superó las previsiones, dio lugar a que la industria pionera desarrolle proyectos de expansión productiva oportunamente, de los cuales se evidencian resultados fehacientes en: Itacamba (capacidad de 2 millones de Tns/año) a partir del segundo semestre de este año, y la nueva fábrica estatal Ecebol (capacidad de 3 millones de Tns/año) que entraría en funcionamiento entre el 2017 y 2018. Además existen otros dos proyectos, uno de Soboce y otro de Fancesa, que aún no han iniciado su etapa de ejecución.
Aclarando que se trata de gestiones fabriles (de abril a marzo), es fácilmente advertible que la situación no resulta nada esperanzadora. Para 2015-2016 se prevé prácticamente un equilibrio de mercado, a partir del cual se presentaría una creciente y paulatina sobreoferta, llegando a su nivel extremo en 2018-2019 (2,9 millones de Tns/año de excedente), para recién ajustarse a inicios de 2021.

Este escenario, de llegar a ser certero, tendría que desalentar o por lo menos postergar cualquier otro emprendimiento durante dicho período. Si adicionalmente consideramos como válida la estrecha relación existente entre la demanda de cemento y los ingresos nacionales representados por el PIB, la situación se complicaría aún más como consecuencia de la tendencia decreciente, en alrededor del 35% registrada durante los últimos dos años, que necesariamente afectará al sector de las construcciones.

Incluso la esperanza de poder exportar al mercado externo de los países vecinos (Paraguay, Chile y Brasil) queda en duda al ser tan fluctuante e incierto como la propia economía mundial, ya que incluso se permitió el ingreso al mercado nacional de cemento peruano (Yura) en el último quinquenio.

Por los motivos expuestos, a juicio personal, ante la existencia de las actuales “barreras de ingreso” al mercado prácticamente insalvables por lo menos en el mediano plazo, el ampliar significativamente la producción de cemento no representa ninguna garantía de éxito empresarial. Entonces, ante este panorama poco alentador, ¿qué se podría hacer? Lo mencionado en el pasado inmediato: Estudiar estrategias de diversificación productiva (materiales cerámicos, porcelanatos, equipos y materiales metalmecánicos, etc.); y estrategias de integración vertical y horizontal, otorgándole valor agregado al cemento y reduciendo los costos de operación (provisión directa de materias primas como el óxido de hierro y el yeso, disponer de transporte y canales de distribución propios, productos pretensados, construcción de viviendas, etc.).

Incluso no se debería descartar el analizar estrategias financieras (posibilidades de fusión empresarial con otras industrias como Ecebol), aprovechando las sinergias a través de las empresas subsidiarias existentes, o la creación de nuevas unidades de negocios.

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